“Cuarenta años afinando pianos ajenos, nunca el suyo.”
Don Ernesto fue afinador de pianos en Guadalajara durante cuatro décadas. Sus manos conocían cada teatro y cada iglesia de la ciudad antes que sus ojos, que perdió parcialmente en 1998 sin dejar nunca el oficio.
Formó a media docena de aprendices que hoy siguen su mismo camino.